Son las once de la mañana del primer día y llevas dos horas recogiendo.
No lo decidiste. Te levantaste, viste el cuarto y empezaste.
Para cuando te das cuenta ya es hora de ir por ellos: la casa impecable, tres pendientes tachados y esa sensación de que algo se te fue.
Llevabas semanas esperando estas horas. Y se fueron sin que ninguna fuera tuya.
De lo que se siente al entrar a esa casa en silencio escribí aquí. Esto es lo que sigue.
Lo que pasa con las horas recuperadas
Estoy segura de que esto te pasa siempre: esas horas ganadas se las llevan los pendientes.
Y tiene una explicación muy sencilla: los pendientes vienen con nombre, con lista y con urgencia. Lo tuyo muchas veces no. Nadie te va a reclamar si no leíste, si no saliste a caminar o si no hiciste ejercicio, y no hay ninguna consecuencia visible por no sentarte a no hacer nada.
Entonces, en la competencia entre la ropa sucia y tú, la lavadora gana.
Y hay algo más, que cuesta más trabajo admitir: llenar las horas de tareas es cómodo. Mientras estés produciendo, nadie te puede acusar de que estás desperdiciando el tiempo. Ni siquiera tú.
Decídelo tú
Si no repartes esas horas, se reparten solas. Y cuando se reparten solas, tu parte es cero.
Mientras tanto, tu cuerpo lleva ocho semanas pidiendo justo el descanso que ese alivio culpable te venía anunciando.
Así que no lo veas como un ideal romántico de tiempo para ti, sino como una decisión práctica: elegir a propósito cuántas de esas horas son solo para ti.
Aunque sea un ratito.
Empieza por saber qué te gusta
Y aquí viene la parte que a casi ninguna nos gusta descubrir: muchas veces no sabemos.
Llevamos tantos años organizándonos alrededor de lo que necesitan los demás que la pregunta ¿qué quiero hacer con dos horas? se queda sin respuesta. O peor: la respuesta que sale es la de hace diez años. O la que crees que es el deber ser. O la que otros decidieron por ti, de tanto oír uff, eres buenísima para esto.
Y aquí quiero hacer mucho énfasis, porque no saberlo es más normal de lo que crees. Pero seguir evitándolo no te va a hacer más plena, y a la larga te puede costar más. Si te pasó eso, no empieces por los pendientes de la casa ni por tus hijos. Empieza por acordarte de qué te hace feliz a ti, cuando llevas años sin preguntártelo.
Y si lo que sientes es más profundo, como si te hubieras perdido a ti misma en el camino, entonces la conversación es otra: volver a encontrarte siendo mamá.
Tres reglas para que no se te vayan
- Un rato con nombre y hora. No cuando pueda. Martes de nueve a diez. En el calendario, igual que la cita del dentista. Lo que no tiene hora no existe.
- Que sea la primera, no la sobrante. Si dejas lo tuyo para cuando termines los pendientes, nunca vas a terminar los pendientes. Ponlo al principio del día, cuando todavía tienes energía. Lo que te llena te ayuda a sobrellevar el resto.
- Empieza chiquito de verdad. Veinte minutos a la semana que sí suceden valen infinitamente más que un plan de una hora diaria que abandonas a los dos días. Y cuando eso ya esté firme, lo puedes ir aumentando.
Lo que no cuenta como tuyo
Para ahorrarte la trampa más común: hay actividades que se sienten como tiempo propio y no lo son.
Comprar cosas para la casa no es tiempo tuyo. Ir al súper sola tampoco, aunque se disfrute. Ponerte al corriente con los trámites del colegio menos. Contestar mensajes del grupo, para nada.
Y el celular en el sillón, ese hay que mirarlo con cariño y con honestidad. A veces es descanso de verdad. Muchas veces es solo la forma más rápida de que se te vaya la hora sin que hayas descansado ni hecho nada.
La pregunta que sirve es esta: cuando termine, ¿voy a sentirme un poquito más yo, o solo más tarde?
Un lugar donde escribirlo
Para que esto no se quede en buena intención, hice una hoja para las primeras semanas del ciclo.
Se llama Así quiero empezar este ciclo y son tres preguntas:
- qué quiero que sea distinto
- qué no voy a volver a cargar sola
- qué hora del día es mía
Se imprime, se llena en diez minutos y se pega donde la veas.
Es hermana del imprimible del verano, pero esta mira hacia adelante y hacia ti.
Descargar “Así quiero empezar este ciclo”
Si la respuesta es no sé
Hay una pregunta que conviene hacerse hoy mismo: si mañana te dieran dos horas sin que nadie te necesitara, ¿qué harías?
Y si lo que sale es no sé, esa es la primera tarea. No hay que resolverla hoy, ni esta semana.
Pero esas horas van a estar ahí mañana, y otra vez pasado mañana. Que una parte sea tuya es lo único de todo esto que no se acomoda solo.