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Blog  / Crianza presente

¿Por qué reparar importa más que no fallar? Lo que dice la ciencia del apego

Durante mucho tiempo creí que ser buena mamá significaba no fallar. No gritar. No perder la calma. No equivocarme.

Y cuando fallaba, de verdad sentía que había roto algo importante. Algo que quizás no tenía arreglo.

Hoy sé que eso no es cierto. Y la ciencia lo respalda.

Lo que muestra la investigación sobre apego

Los investigadores del apego llevan décadas estudiando qué hace que un niño desarrolle seguridad emocional. La respuesta no es la que muchas esperamos.

No es la ausencia de fallos. Es la presencia de la reparación.

Los ciclos naturales de la crianza son ruptura y reconexión. A veces no llegas de inmediato cuando llora. Reaccionas con más fuerza de la necesaria. Te distraes justo cuando más te necesita.

Eso pasa. Siempre. En todas las familias.

Lo que diferencia un apego seguro de uno inseguro no es que estos momentos no ocurran. Es lo que pasa después.

La mamá suficientemente buena

El psicoanalista Donald Winnicott acuñó un término que me cambió la perspectiva: la madre suficientemente buena.

No perfecta. Solo presente y capaz de volver.

Una mamá que está presente la mayoría del tiempo. Que falla, porque es humana. Y que cuando falla, está ahí.

Eso es todo lo que un niño necesita. No la que nunca grita. La que, cuando grita, repara.

Lo que realmente daña el vínculo

No es el grito. No es el momento de reacción.

Lo que daña el vínculo es quedarse en el silencio después. Seguir como si nada sin nombrar lo que pasó. Dejar al niño solo con la confusión de haber visto a su mamá perder la calma, sin entender qué ocurrió.

El abandono emocional después de la ruptura es lo que deja una marca. No la ruptura en sí.

La paradoja de querer ser perfecta

Hay algo que pocas veces se dice: una mamá que nunca falla visiblemente tampoco le da a su hijo el modelo de cómo se repara.

Cuando te equivocas y vuelves, tu hijo aprende algo que no puede aprender de otra manera: que los errores tienen solución, que las personas que quieres y te quieren pueden fallar y seguir ahí, que el amor no es condicional a portarse bien todo el tiempo.

Buscar la perfección, en el fondo, le priva de esa lección.

El vínculo se construye en los regresos

Imagínate la relación con tu hijo como un hilo. Cada vez que fallas y vuelves, ese hilo no solo se restaura. Se hace un poquito más fuerte.

Porque tu hijo aprende que el hilo aguanta. Que puede tensarse y no romperse. Que pase lo que pase, tú vuelves.

Eso es seguridad. Y se construye en los regresos, no en la ausencia de fallos.

Te cuento cómo hacer esa reparación, paso a paso, en Cómo reparar el vínculo con tus hijos cuando te equivocas.

Preguntas frecuentes

¿La seguridad emocional de mis hijos depende de que yo sea perfecta?

No. Lo que determina la seguridad emocional de un niño no es que su mamá nunca falle, sino que cuando falle, repare. La ruptura seguida de reparación es lo que construye un vínculo sólido.

¿Qué es la mamá suficientemente buena?

Es un concepto del psicoanalista Donald Winnicott. Una mamá suficientemente buena no es perfecta: es presente, atenta y capaz de reparar cuando falla. Eso es exactamente lo que los niños necesitan.

¿Cuántas veces puedo fallar antes de que el vínculo con mi hijo se dañe?

El vínculo no se rompe por los fallos. Se daña cuando los fallos quedan sin reparar, cuando el niño queda solo en su malestar sin que el adulto vuelva a reconectar. Lo que importa no es no fallar, sino volver.

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