Hay días en los que, si alguien nos pregunta cómo estamos, la respuesta sale sola.
“Estoy agotada.”
“Hoy perdí la paciencia y me siento la peor mamá.”
“Mis hijas no dejaron de pelear.”
“La casa es un desastre.”
“Siento que no hice suficiente.”
Y quizá todo eso sea verdad.
Pero hace poco me hice una pregunta distinta.
¿Qué salió bien hoy?
Y me di cuenta de que casi nunca nos la hacemos.
La misma historia puede contarse de muchas maneras
Con los años he descubierto algo que me parece profundamente esperanzador.
La misma etapa de nuestra vida puede contarse de muchas maneras.
Puedes contar este verano como la temporada en la que hubo más desorden, más peleas entre hermanos, más cansancio y más culpa de la que imaginabas.
Y probablemente no estarías mintiendo.
Pero también podrías contar exactamente ese mismo verano diciendo que hubo noches de helado, carcajadas en la alberca, castillos de arena, conversaciones antes de dormir, un abrazo inesperado o una tarde cualquiera en la que tu hijo dijo algo que jamás vas a olvidar.
Las dos historias son ciertas.
La pregunta es: ¿cuál eliges visitar en tu mente?
Nuestro cerebro no recuerda de manera neutral
Hay algo fascinante de nuestro cerebro. Está diseñado para detectar lo que falta, lo que salió mal y aquello que representa una amenaza.
Gracias a eso sobrevivimos como especie. Pero también significa que, si no hacemos un esfuerzo consciente, podemos terminar creyendo que nuestra vida estuvo hecha principalmente de problemas.
No porque sea verdad, sino porque son los recuerdos que automáticamente más repetimos.
No se trata de negar lo difícil. Se trata de no permitir que lo difícil ocupe todo el espacio.
El verano que recordarás dentro de diez años
Imagínate que alguien te pregunta dentro de diez años:
“¿Te acuerdas del verano de 2026?”
Tal vez lo primero que venga a tu mente sea el cansancio, el calor, las discusiones o el desorden.
Pero quizá ese también fue el verano en que tu hijo aprendió a nadar.
El verano en que prepararon el desayuno para ti.
El verano en que leyeron un libro abrazados.
El verano en que tu hija te dijo que eres su lugar seguro.
El verano en que lloraron de risa.
Todo eso también ocurrió. Solo que el cansancio suele hacer más ruido que la gratitud.
La historia que repetimos termina convirtiéndose en la historia que recordamos
En un diplomado de mindfulness que tomé, aprendí que no elegimos únicamente los recuerdos que vivimos. También elegimos los recuerdos a los que volvemos.
Cada vez que repetimos una historia en nuestra mente, esa historia se fortalece.
Tal vez por eso hay personas que recuerdan su vida como una sucesión de pérdidas y de mala suerte.
Y otras que, habiendo atravesado grandes pérdidas y dificultades, también pueden hablar de las personas que las sostuvieron, de las oportunidades inesperadas, de las risas, del amor y de todo aquello que floreció en medio del caos.
Las dos historias pueden ser verdad. Pero no crean la misma manera de vivir, de ver y de disfrutar la vida.
Antes de apagar la luz
Hoy quiero dejarte una sola pregunta. Una que ojalá te acompañe no solo esta noche, sino muchos años.
¿Qué salió bien hoy?
No para ignorar lo difícil. No para fingir que todo estuvo bien. Sino para darle un lugar, también, a todo lo bueno que sí sucedió.
Y así, poco a poquito, quizá podamos entrenar a nuestra mente a estar atenta a las pequeñas grandes cosas que sí nos pasan durante el día, y a reconocer que siempre hay algo que agradecer.
Con cariño,
Sofía