Estoy sentada frente al mar, viendo a mis hijas completamente empanizadas de arena. Construyen un castillo con una concentración absoluta, como si fuera a durar para siempre.
Yo sé que no.
En unos minutos llegará una ola y se lo llevará.
Ellas también lo saben.
Y aun así lo construyen.
Mientras las veo jugar, me sorprendo pensando: ojalá nunca olviden lo que las hace felices.
Y casi inmediatamente apareció otra pregunta.
¿Y yo?
¿En qué momento dejé de saberlo con tanta claridad?
Después corren a brincar las olas, persiguiendo conchas como si fueran pequeños tesoros.
Mientras las observo, me doy cuenta de que conozco muy bien la felicidad de mis hijas.
Sé exactamente qué las hace reír. Qué las calma. Qué las emociona. Qué las hace sentirse seguras.
Las he observado durante tantos años que podría escribir un libro entero sobre ellas.
Y entonces me quedé pensando: ¿todavía sé qué me hace feliz a mí?
Me dio un poco de ternura darme cuenta de que no encontré la respuesta tan rápido como imaginaba.
Porque siempre pensé que una pregunta tan sencilla tendría una respuesta inmediata.
No hablo de unas vacaciones espectaculares. Ni de ese viaje que llevo años queriendo hacer.
Hablo de algo mucho más pequeño.
- ¿Qué cosas hacen que mi corazón descanse?
- ¿Qué me hace perder la noción del tiempo?
- ¿Qué me hace sonreír sin darme cuenta?
- ¿Qué me devuelve esa pequeña chispa en el cuerpo que me recuerda que sigo siendo yo?
- ¿Cuándo fue la última vez que hice algo simplemente porque me daba alegría?
Creo que la maternidad tiene una forma muy silenciosa de ir ocupando espacio.
Sin darnos cuenta nos volvemos expertas en los demás.
Las mamás pasamos tantos años ayudando a nuestros hijos a descubrir quiénes son, que a veces olvidamos seguir descubriendo quiénes somos nosotras.
Estamos tan ocupadas amando, organizando, recordando y sosteniendo… que dejamos de mirarnos con la misma curiosidad con la que miramos a quienes más queremos.
Quizá por eso me gusta tanto el verano. Porque entre los planes, helados y atardeceres, también aparecen pequeños silencios.
Y quizá uno de esos silencios pueda servir para volver a hacerte esta pregunta.
No para encontrar una gran respuesta.
Solo para recordar una pequeña parte de ti.
Tal vez descubras que todavía te hace feliz caminar descalza. Escuchar una canción que no oías desde hace años. Leer unas páginas de un libro mientras todos duermen. Bailar en la cocina. Tomarte un café caliente. Reírte hasta que te duela el estómago. O simplemente quedarte mirando el mar mientras tus hijos juegan.
No escribo esta carta para decirte que tienes que hacer más cosas para ti.
Creo que las mamás recibimos suficientes listas de todo lo que “deberíamos” hacer.
La escribo porque sospecho que volver a encontrarte no empieza con un viaje, ni con un retiro, ni con una vida completamente distinta.
Empieza el día en que vuelves a hacerte una pregunta que llevabas demasiado tiempo sin escuchar.
¿Todavía sabes qué te hace feliz?
Con cariño,
Sofía
Una canción para acompañarte
Quiero dejarte una canción para este ratito contigo misma. “El lugar correcto” de Natalia Lafourcade habla justo de eso: de volver a habitar el lugar donde te sientes en calma, donde vuelves a reconocerte. Ponla, cierra los ojos un momento y regálate escucharla.